Los habitantes del frío

Por Raül Golo, biólogo marino (ICM-CSIC)

Foto: Eduardo Obis

Normalmente asociamos las medusas con el verano, pero del mismo modo que asociamos el verano con el sol y la playa, sin que eso impida que sigan ahí en invierno, las medusas siguen en el agua fría ajenas a nuestros ciclos artificiales. Aún son muchos los nadadores, sobre todo esos que no nadan entre los meses de octubre y abril, que creen que estos animales son exclusivos veraneantes. Sí que es verdad que su densidad disminuye en muchas especies, e incluso desaparecen en algunos casos, pero en otros no cambia mucho, como la Pelagia noctiluca que podemos encontrar durante todo el año.

La Pelagia noctiluca es muy frecuente durante todo el año en la costa del oeste del Mediterráneo, como hemos podido ver estas últimas semanas con las llegadas masivas en las playas de Tarragona. Aunque estas arribadas masivas son muy dependientes de la climatología, es muy frecuente encontrarse algún ejemplar en nuestras salidas invernales, y se han llegado a documentar enjambres de más de 40km de diámetro. Esta medusa difiere de las demás por carecer de fase pólipo.

La mayoría de medusas tienen dos fases de reproducción: una sexual (fase medusa) y otra asexual (pólipo). Las medusas que nos encontramos durante el verano permanecen “latentes” para nosotros, pegadas a rocas y espigones en forma de pólipo. Estos esperan el aumento de la temperatura para empezar a reproducirse de forma asexual (estrobilación) y producir las éfiras, que no son otra cosa que los juveniles de estas especies. Cada pólipo puede producir una, una decena o centenares de estos juveniles, dependiendo de la especie, que crecerán durante el periodo de condiciones favorables y se reproducirán de forma sexual, generando nuevas generaciones de pólipos. Pero como hemos comentado, la Pelagia se salta este paso, y los huevos que producen estos animales darán lugar a éfiras directamente, que se convertirán rápidamente en adultos dándoles protagonismo durante todo el año.

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La umbrela de la Pelagia puede llegar a medir unos 20cm, es de color rosado con un patrón atigrado más oscuro. También podemos encontrar ejemplares de color marrón, ostensiblemente más pequeños, ya que son los pre-adultos. Tienen cuatro brazos orales rodeando el orificio gástrico y ocho largos tentáculos (de hasta 2 metros de longitud) que utilizan para capturar sus presas, desde pequeños organismos del plancton a pequeños peces.

Cómo tratar la picadura

Si cuando nadamos tenemos la mala suerte de encontrarnos de frente con esta medusa y ser picados, lo mejor es quitarnos los restos que tengamos adheridos a la piel con cuidado, lavar abundantemente con agua de mar y, si está disponible, aplicar una solución de bicarbonato y frío sobre la zona de la picadura. Si el dolor persiste es conveniente visitar un centro de salud para que sigan la evolución de la herida. Si nos encontramos en mitad de una travesía no nos quedará otra que aguantar, el agua de mar nos irá aliviando, pero hay que tener en cuenta que las picaduras de medusa generan intolerancia, por lo que puede ser que si nos pican con cierta asiduidad acabemos generando una reacción alérgica que pueda agravar nuestro estado.

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Supongo que ningún nadador quiere encontrarse ningún ejemplar de Pelagia noctiluca, pero uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza es atravesar sobre un barco un enjambre de estos animales con la complicidad de la noche. Al ser un animal bioluminiscente las vibraciones provocadas por el casco y el propio impacto del mismo sobre las medusas producirá destellos continuos de color turquesa, que marcarán la estela de nuestro camino. Supongo, que como en muchas otras cosas de esta vida, lo bello está reñido con lo aciago.

 

 

Autor
Raül Golo es estudiante de Doctorado en el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) perteneciente al grupo Medusa, dirigido por la investigadora Verónica Fuentes.

 

 

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