El crono: ¿desafío o amenaza?

Por Tino Bermejo, Director Técnico de Tfswim

Foto: Suunto

Nuestra mano toca la pared y rápidamente giramos la cabeza hacia el reloj para comprobar si el tiempo logrado es el esperado. Este gesto tan común en la piscina, lo es cada vez más en el mar debido a la información que nos dan los relojes con GPS. Este control del tiempo se puede enfocar de dos maneras totalmente opuestas, que determinarán nuestra manera de vivir y de plantear los entrenamientos, y de enfrentarnos a las dificultades que vayan apareciendo.

Esto está muy ligado a lo que comentábamos del ‘ego’ en otro artículo en publicado en el blog de Tfswim. Debemos analizar qué tipo de anhelo tenemos respecto a los tiempos/ritmos. Está claro que a todos nos gustaría nadar a un ritmo, que determinamos en función de lo que hemos venido haciendo hasta el momento junto con la progresión que esperamos de nosotros mismos. Pero esta “expectativa” que nos generamos se puede sentir/vivir de dos maneras:

  1. Como algo que queremos y algo en lo que pondremos todo nuestro empeño, pero sin que su consecución o no determine nuestro bienestar y percepción de “quiénes somos”. Estamos ante un desafío, un reto que seguro nos motiva. Normalmente los deportistas con este planteamiento son capaces de centrarse en todo aquello que deben hacer para lograrlo.
  1. Como algo que necesitamos lograr para valorar positivamente lo que hacemos. Cuando esto pasa, el tiempo de referencia se convierte en una amenaza, y cualquier contratiempo (malas sensaciones, cansancio, …) va a suponer que nuestro objetivo está más lejos y va a ser más difícil de lograr. En este punto, cuando lo basamos todo en el tiempo y empezamos a ver que será difícil, es cuando nos sobreviene el miedo al “fracaso” y todo cuesta cada vez más. Además, es muy corriente que las malas expectativas de lograr el tiempo esperado generen desmotivación y nos alejemos aún más de nuestro mejor rendimiento posible.

Así pues, debemos plantearnos si para cada uno de nosotros la marca/ritmo supone un desafío al que enfrentarnos con todas nuestras posibilidades en un momento determinado, o una amenaza ante la que acobardarnos cuando sintamos que no lo podremos superar.

 

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