El hombro del nadador

Por Xavi Palau, fisioterapeuta de Osteo9

Foto: Tere Fullana de Tfswim

El hombro es la articulación más castigada en los nadadores, y una lesión puede apartarnos del agua por un tiempo. Para evitar llegar a este extremo es necesario entender cómo funciona el hombro, saber porqué sufre, y cómo prevenir las lesiones.

Observando a un nadador veremos rápidamente que la articulación con más amplitud articular es el hombro, y que además es donde se genera más fuerza para nadar. Y es que los músculos del hombro son los encargados de mover los remos, lo más rápido y fuerte posible.

Y ahí es justamente donde empieza el problema. Es muy difícil, casi imposible, conseguir una gran movilidad en una articulación y al mismo tiempo una buena estabilidad. Son conceptos casi opuestos en nuestro cuerpo. A más amplitud de movimiento menos estable se vuelve y a la inversa.

Para conseguirlo, el hombro tiene sus recursos, pero todo dependerá de cómo los gestionamos y si los sobrepasamos.

La gran movilidad se consigue por la articulación gleno-humeral (el húmero sobre la escápula), pero sobre todo, por el deslizamiento de la escápula sobre las costillas. Además hay dos articulaciones más, una en cada extremo de la clavícula, pequeñas pero imprescindibles también. Si estas 4 “bisagras” no funcionan correctamente, será el inicio de los problemas.

La parte muscular no es menos compleja. Tenemos por un lado los músculos que generan la fuerza. Grandes y voluminosos como el pectoral, el dorsal y el deltoides (entre otros), capaces hacer muchas remadas a gran intensidad y a alta velocidad. Y por otro lado los estabilizadores, encargados de controlar la posición de la cabeza humeral y recentrarla en cada momento, y conseguir que la escápula se deslice correctamente. Aquí encontramos el subescapular, el supra e infraespinoso, redondo menor, trapecio inferior y serrato mayor entre los más importantes.

Cuando todo funciona en harmonía, es perfecto. Pero si aparece un desequilibrio muscular el engranaje deja de funcionar.

Esto sucede cuando entrenamos por encima de nuestras posibilidades, fatigamos los músculos remadores, y perdemos la técnica generando compensaciones articulares. En ese momento los estabilizadores se ven sobrepasados intentando controlar la cabeza humeral y la escápula. Si no lo paramos a tiempo, desencadenamos una sobrecarga del manguito de los rotadores y su posible tendinopatía.

La solución no es compleja, pero hay que practicarla.

  • Trabajo en seco para fortalecer los músculos estabilizadores y el CORE
  • Tener una buena técnica y mantenerla en los momentos de fatiga.
  • Una buena recuperación después de los entrenamientos (estiramientos, alimentación, hidratación…) y después de las travesías (descanso, fisioterapia…).

 

 

El autor, Xavi Palau es nadador, fisioterapeuta y osteópata en www.osteo9.com

 

 

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