La ventaja más evidente que nos da el neopreno, puede ser nuestra peor desventaja

Por Tere Fullana, CEO de Tfswim

En general, cuando nos referimos al uso del neopreno para competir tanto en pruebas de triatlón como en travesías, siempre pensamos en los beneficios que éste nos puede aportar. Por ejemplo:

  • Aumento de la flotabilidad.
  • Aumento de la propulsión, al contar con una posición más horizontal cercana a la superficie.
  • Da seguridad y confianza por el mero hecho de sentir que el cuerpo flota, y que con él puesto no nos vamos a hundir.
  • Protección contra las picaduras de medusa.

Sin embargo, enfundarse en un neopreno es algo más que ponerse un traje de baño. Llevar neopreno significa que todo el cuerpo va a estar cubierto por un material que tenemos que dominar, igual que aprendemos a usar de manera correcta unas palas o un pull. En la jerga deportiva, a la natación en aguas abiertas que potencia el uso de neopreno la podríamos clasificar como deporte con implemento. Porque se tratará, a partir de ahora, no solo de contar con una buena técnica de nado para movernos mejor por el agua, sino también de conocer qué va a experimentar el cuerpo y cómo se van a ver alterados cada uno de nuestros movimientos del crol que, por el contrario, no irán a nuestro favor cuando nos ‘vistamos de gala’.

¿Qué pasa al ganar tanta capacidad de flotación repentinamente?

  • A mayor flotabilidad, el rolido del cuerpo puede verse afectado por exceso. Si esto sucede, nuestro cuerpo se mueve de manera más inestable, ya que con cada brazada o impulso que damos generamos una sobre-rotación. Aunque tengamos la sensación de que vamos más ligeros porque las piernas van más arriba, nuestro movimiento se traduce más en un giro de lado a lado que no en un desplazamiento hacia adelante. Dado este resultado, nuestra energía de movimiento se disipa en la basculación y no en la propulsión.

¿Como solucionarlo?

  • Sabemos que nadar crol requiere de la sincronización de brazos y tronco (no hay remada sin rolido). Cuanto más flotemos, cualquier fuerza que apliquemos (en este caso el brazo al remar, que a la vez va acompañada de la semi rotación del tronco) hace que el tronco tenga más inercia para seguir girando o basculando. Así pues, lo que es muy importante saber es que la acción de frenada del tronco tendrá que ser mayor (esto significa poder parar el impulso que hemos dado al tronco para que hiciera la basculación). Por lo que el trabajo, de nuevo, del CORE, va a ser fundamental. Y aquí entendemos por CORE a la musculatura que está más implicada en la rotación del tronco y a su posterior frenada: oblicuos, transverso y aductores de las piernas. Si éstos no los hemos desarrollado fuera del agua, con una activación muy por encima de la que va a ser requerida en el nado, en cuanto nos metamos en el neopreno y el mar nos tenga preparadas corrientes y oleaje, lo que comprobaremos es que sí, flotamos mucho, pero vamos dando tumbos, avanzamos poco y no hacia donde nosotros queremos.

 

 

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