Fisiología y nutrición para nadadores de aguas frías

Por Jordi Sarola, Nutricionista

Foto: Matías Ola, nadador extremo (Argentina)

“La sensación de libertad que produce la natación en aguas abiertas practicada durante el invierno no la tiene ningún otro deporte convencional”, “Sumergirte en agua helada, rodeado de nieve y hielo es un auténtico bombardeo de sensaciones que van desde el dolor extremo a una especie de placer místico difícil de describir”. Estas son algunas frases extraídas de conversaciones que he tenido con nadadores de aguas frías.

Los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) son claros. La natación está en auge, gusta y ha conseguido conquistar a jóvenes y adultos, siendo el segundo deporte más practicado. La natación en aguas abiertas, dentro del global natación, es una de las disciplinas que más adeptos ha ido sumando. La sensación de libertad, de plenitud, de fuerza descomunal que se siente nadando entre paisajes, a nivel de agua, la tienen pocos deportes.

La natación en aguas frías, como parte de la natación en aguas abiertas, vendría a ser la disciplina llevada al límite. Siempre realizada en exteriores, tiene unos 1244 competidores federados de 34 países. Las temperaturas medias del agua suelen ser de 1 a 3ºC, y las del exterior van de -5 a -15ºC.

Aguas frías, una disciplina única

Los campeonatos del mundo de natación invernal son las pruebas más importantes en esta particular disciplina. Existen pruebas de distancias cortas y rápidas de 25 m, hasta distancias más largas y duras que pueden llegar casi a los 500 m…teniendo en cuenta que el agua puede llegar a estar a 0,08ºC, temperatura extrema y que pocos, muy pocos aguantan.

En España hay cada vez más adeptos a esta disciplina, uno de ellos es el atleta Pep Vivas, que nada en aguas frías en favor de un proyecto solidario: Cerdanya, A-Braça’m.

Lewis Pugh, un nadador único

Quizá el nadador de aguas frías más famoso del mundo sea Lewis Pugh, que nadó en el polo norte y en el polo sur, o sea en el Ártico y en el Antártico. La temperatura del agua en la Antártida era de -1,7ºC y la temperatura exterior de -36ºC, mientras que en el Ártico llegó con un rompehielos que hizo una pista de 1000 metros para que pudiera nadar.

Nada de neoprenos, Pugh nadó en el Mar de Ross tan solo con bañador, gorro y gafas. De esta guisa consiguió nadar durante 10 minutos, a esta temperatura extrema, unos 500 metros. En el polo norte llegó a estar 18 minutos 50 segundos en el agua.

Tejido graso, importante para aguantar el frío

Para ser capaz de nadar en aguas frías, el tejido graso es esencial. Éste ejerce una protección única frente al frío y el descenso de la temperatura corporal. Hay pocos datos sobre la cantidad de tejido necesaria u óptima para esta disciplina pero en muchos estudios se ha visto cómo las mujeres pueden llegar a tener más resistencia al frío que los hombres, llegando a resistir más tiempo dentro del agua.

Dentro de la fisiología específica del nadador de aguas frías cabe destacar el proceso de concentración y meditación que les lleva a elevar la temperatura corporal por encima de la que llamamos temperatura fisiológica.

Lewis Pugh antes de sumergirse se concentra y relaja. El nadador extremo consigue elevar su temperatura corporal hasta los 38,5ºC en poco tiempo, para acto seguido sumergirse en el agua helada. La pérdida de calor es de 1ºC cada 10 minutos, con lo que los recorridos tienen que ser cortos por la extrema y rápida hipotermia.

Alexandre Fuzeau, otro de esos locos del agua helada, experimenta algo parecido. A través de técnicas de meditación su cuerpo tiene un repentino aumento de temperatura, hasta los 37,5ºC.

Alimentación para la natación en aguas frías

Someter el cuerpo a temperaturas extremas requiere de una planificación alimentaria estricta y regular. Esta pasa por estar en un muy buen estado de hidratación 24 horas al día, 365 días al año; por aumentar las reservas de hidratos de carbono corporales (glucógeno); y por tener una alimentación calóricamente compensada, que facilite el mantenimiento de una cierta cantidad de tejido graso. Los cuerpos delgados son frágiles en el agua fría, no llegan a resistir mucho tiempo sin llegar a la hipotermia severa.

Para mantener esa cantidad de tejido graso con el alto volumen de entrenamientos es necesaria una alimentación de alta densidad calórica, alimentación típica de los países fríos donde se desarrollan estas competiciones, por lo tanto las grasas como los hidratos de carbono tendrán un papel prioritario: patatas y tubérculos, bayas maduras, pan de trigo y avena, grasas animales para cocinar.

Es necesario también un consumo importante de proteína de buena calidad, de buen valor biológico. La mayoría de culturas del frío tienen una alimentación basada en la carne y el pescado, tanto blanco como azul. En las zonas siberianas y escandinavas se consume bacalao, salmón, sardina y caballa, alce, reno y aves salvajes, huevos y también el cordero.

Planificar la alimentación, entrenar a diario y meditar para controlar la mente son los tres pilares. Si crees que dominas estas tres materias quizá estés preparado para afrontar este nuevo reto: la natación en aguas frías.

 

Jordi Sarola es dietista y nutricionista, especialista en deporte, y director de CeNDieF Nutrición

 

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